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Publicado: 12/09/2012 19:22 por Victor Lemes en sin tema
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Roberto era un famoso escritor de libros de autoayuda que tras los éxitos de venta de sus libros "La meta es el principio de la meta" , "las manzanas también saben raras",  y "el cuerpo es la carcasa del alma" estaba sumido en la elaboración de su próximo libro, sin título previsto aún. Tras horas de reflexión y escritura sobre el alma y su enriquecimiento a base de una dosis de voluntad innata cogió su teléfono y llamó a la agencia de contactos de la que era asiduo:

 -Si, buenas. soy Roberto. ¿Me puedes decir quiénes están disponibles hoy?- Breve pausa- Perfecto, me quedo con Nora la domadora. Sí, a la dirección de siempre. Gracias, hasta otra.

 Se metió en su cuarto y comenzó una sesión de 10 minutos de meditación oriental para reactivar sus chakras mediante mudras, una técnica ayurvédica que solía practicar a diario. Tras diez minutos de relajación fue al armario, cogió su traje de cuero negro, su antifaz, su látigo y sus esposas y se vistió esperando la llegada de Nora la domadora. Ésta llegó al poco rato y tocó en la puerta. Tras un saludo cordial ella le pidió el dinero por adelantado y una vez lo guardó en el bolso cambió automáticamente su rol de formalidad y comenzó a insultarle y a golpearle. Él le pidió que siguiera golpeándole pero exigió que los golpes fueran una secuencia de Fibonacci, solo le excitaba la secuencia de Fibonacci, no le valían golpes aleatorios. Nora ya lo sabía por ocasiones anteriores con él, pero solo llegaba al décimo número, ya en el undécimo se bloqueaba, pero él lo entendía y no le pedía explicaciones. Tras golpes matemáticos e insultos metódicos se acercaba el orgasmo y Roberto activó el metrónomo que tenía en su mesa de noche y puso la velocidad de la corchea a 120 para que Nora le hiciera con la mano, y a esa velocidad exacta, los movimientos de la 5ª sinfonía de Beethoven. No valía Vivaldi o Mozart, solo llegaba al orgasmo con Beethoven y más en concreto con ese alegro ma non troppo. En mitad de un movimiento mientras sonaba un movimiento, Roberto le pidió a Nora que, sin parar su mano, y a la misma velocidad de corchea a 120, tarareara "A dónde vas amor" de Dyango, pero en falsete, y así y solo así, él pasaría de la fase de meseta a la cumbre. Ardua y meticulosa tarea la de Nora. Tras un intenso clímax quedó jadeante y en silencio. En la habitación ahora solo se escuchaba el sonido del metrónomo y las palabras de la ahora dulce Nora pidiéndole si podía quedarse con un ejemplar del libro que tenía en la estantería, y así fue, Roberto se lo regaló y ella le pidió que se lo firmara por favor. No pudo negarse tras todo lo que había hecho por él y bajo el título de "el cuerpo es la carcasa del alma" le dedicó el autógrafo: "Para Nora, con cariño".

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