Cadáveres en fosas nasales

Publicado: 31/03/2014 07:32 por Victor Lemes en sin tema
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Hoy tuve un día triste; ¿qué pasa? estoy en mi derecho. Tal vez por ser simplemente domingo, por haberme quitado una hora de vida, por este maldito hipocampo de concentración, por la serotonina traicionera, por el "destornillado cotidiano azar y la fangosa realidad" o simplemente por reparto, "hoy te tocaba que ayer reíste"  -diría el director de escena-. No es malo tampoco, no es que uno estuviera llorando por las esquinas, no no, fue simplemente tristeza, tedio, inactividad de la comisura, labios estáticos sin curva de felicidad, darse cuenta al final del día que no habría pasado nada si hubiera seguido en la inconsciencia del sueño y del No Ser 12 horas más; a lo mejor hasta me alegraba alguna polución nocturna. Pero no fue así, de hecho hice vida antisocial, comí, vi la tele, me conecté a internet, leí, volví a comer y no me duché (y no solo por gandulismo)

No me duché porque tuve que salir y cogí un taxi y al sentarme y ponerme el cinturón percibí algo curioso; por la parte del cuello, ese cinturón olía a perfume de mujer y en este caso era un perfume que yo conocía bien por haber besado ese sabor en un cuello aromatizado con dicha reminiscencia tiempo atrás. El olfato es el resorte más vertiginoso del recuerdo y fue un acto reflejo esa acción oler-revivir. Durante los 5 minutos de trayecto me dio tiempo a hacer el amor, masajear, acariciar, ser acariciado, odiar, decepcionarme, sufrir, sonreír a carcajada limpia, comer, pasear, volver a hacer el amor, deshacerlo, redecorarlo, tirarlo y en definitiva resucitar lo muerto. Fueron cinco minutos, la pituitaria es eterna en cinco minutos. Y llegué a mi destino, con agujetas en la nariz de tanta exhumación del recuerdo. Me bajé del taxi oliendo a Eau de Otrora y así estuve todo el día, sin ducharme, con ese aroma inundando el olor a mierda del domingo y el hedor a sucio de la realidad (A la vida le suda el sobaco, a la muy guarra)

Tal vez fuera ella la que estuvo en ese taxi minutos antes o tal vez era el perfume de otra chica que también debía tener su historia enterrada en fosas nasales. Lo único que espero es que el pasajero que se subió al taxi después de mí, no se pusiera el cinturón, porque iba a estar apestando a tristeza todo el día. 

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