Apagón (1ªParte)

Publicado: 28/10/2014 04:41 por Victor Lemes en sin tema
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Me gusta pasear de madrugada por mi calle y analizar los silencios de la ciudad, e inventarme guiones de lo que ocurre tras aquella ventana encendida, o tras ese coche que pasa lento, o ese bazar que ya ha cerrado pero aún tiene la reja medio abierta. Le pongo vida a todas esas intimidades que desconozco. Según mi guión, en aquella ventana, justo en ese momento, una pareja estaba rompiendo por la discusión más bestia que había tenido nunca. En el coche, el conductor estaba pensando en el límite de velocidad, ya que es la cuarta vez que le multan. En el bazar, el jefe se estaba metiendo una raya de cocaína tras la jornada de trabajo. Y mientras guionizaba... ¡Zas! Se fue la luz en la ciudad, o por lo menos por mi distrito. Las noctámbulas ventanas cerraron los ojos, las farolas cerraron la boca, las farmacias de guardia se escondieron, los paneles de seguridad vial no amenazaban, y los semáforos no prohibían. Todo se apagó. No veía nada. Ni siquiera había luna esa noche así que todo estaba oscuro, opaco, negro como la tarjeta de crédito de un corrupto. Caminé a tientas y me apoyé en un portal, a esperar a que hubiera un mínimo de iluminación porque no veía ni mis pies en el suelo. A los tres minutos de un silencio sepulcral que esta vez daba miedo por la ausencia de visión, empecé a escuchar un sonido parecido a ronquidos, cada vez se acercaba más, hasta que el ruido llegó a mi lado. Era uno de esos perros que parece que viven asfixiados y respiran con sonidos preocupantes. Le hice esos besos que se le dan al aire a los perros para ganar su confianza y acariciarlo antes de que me mordiera. Acto seguido, una voz femenina gritó:

-Ay, ¡qué susto!
-Perdón -respondí- yo también estoy un poquillo acojonado.
-No te veo.
-Ni yo. Víctor, encantado.
-Paula, asustada.
-Bueno, tú vienes protegida por tu escolta asmático...
-Laringe, se llama Laringe.
-No había un nombre más acertado. Enhorabuena. -Acaricié a Laringe-
-Si no es por él, que me ha guiado hasta el portal con su olfato, me quedo inmóvil en plena calle.
-¿Al borde el camino?
-Con el júbilo congelado.

Tras esa frase hice una pausa para enamorarme. Y a los tres segundos, ya enamorado, volví a hablar:

-Víctor, encantado.
-Paula, ya más tranquila.
-¿Así que Benedetti?
-No pensé que lo fueras a entender, por lo que también me ha sorprendido.
-Nunca había tenido una cita a ciegas. Esto se parece.
-¿Cómo eres?
-Iluminable, ¿y tú?
-1,62 y vulnerable ante lo atípico. Y esto se parece.
-Yo ya vulnerado, pero con 18 cm más.
-Hala! Vas muy rápido, Rocco Sifredi.

No pudimos evitar la carcajada al unísono.

-Ya ha quedado en segundo plano la descripción de mi 1,80.
-Da igual, no nos vamos a ver. Podemos estar mintiéndonos.
-Vivo aquí al lado. Podríamos volver a no vernos.

Tenía una voz dulce y en mi cabeza era guapísima, quería que fuera así. Me inventé los rasgos, como cuando guionizaba sobre lo que pasaba tras las ventanas al pasear. Sabía que esa momentánea ceguera podría generar una idealización, pero sus palabras, su actitud y su rapidez mental tenían un cuerpazo que me estaban atrayendo demasiado, por no hablar de lo erógena que resulta una coincidencia y un mismo gusto por algo.

-Yo vivo justo en este portal. Si quieres te invito a unas velas.
-¿Sin pedirle permiso a Laringe ni nada?
-Laringe no habla, pero Instinto me dice que eres de fiar.
-Te mentiría si te dijera que no estoy un poco nervioso.
-Yo desde que me dijiste lo de "al borde del camino" tengo el pecho a 100.
-Hala! Vas muy rápido, Pamela Anderson.

Duplicamos la carcajada de antes a dos voces.

-Qué manera de desvelar nuestras ambigüedades. Me está matando la curiosidad de verte la cara al menos.
-Barbita, pelo corto, narigudo, flacucho, 32 años...
-También soy del 82, pero no me interesas. Eres feo.
-¿De qué color tienes la frivolidad, Pamela... digo, Paula?
-Y tu incapacidad para pillar la ironía, ¿cuánto mide, Víctor... digo, Rocco?
-Bueno, mentalicémonos de que ambos somos horribles, ¿te parece?
-Trato.

Tras un silencio incómodo.

-Pero ¿vas a subir o no?
-Pues mira, durante este silencio de 3 segundos he pensado que dada la peculiaridad de la situación, a lo mejor sería buena idea hacer de este encuentro algo más original aún.
-A ver.
-¿Y si me voy a mi casa, y tú a la tuya, y mañana a esta misma hora bajamos a la calle y nos vemos?
-¿Y cómo me vas a reconocer, tonto?
-Por el sonido de Laringe, tonta. Baja con él y será la referencia. ¿Te parece?
-Me parece.
-Genial, pues hasta mañana.
-Esperemos que haya luz.
-Esperemos.
-Bueno, yo voy subiendo -Palpando la cerradura con la llave para abrir el portal- Dile hasta mañana a Víctor, Laringe.
-Adiós, Laringe. Huéleme mañana ¿eh? Yo me quedo aquí sentado un rato hasta que vuelva la luz.
-Encantada, Víctor.
-Expectante, Paula.

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