No te cortes

Publicado: 16/12/2014 18:35 por Victor Lemes en sin tema
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Digamos que tengo una especie de relación a distancia. No sé donde vive exactamente y solo nos vemos cada dos o tres meses. Son encuentros de unos 20 minutos y después, adiós, hasta dentro de un par de meses, sin explicaciones, ni reproches ni "a dónde vas" ni "dónde has estado" ni "quién te hizo esa marca del cuello". Llevo así desde los 17 años. Ella tenía 19 cuando nos conocimos y ya son más de 15 años de encuentros ininterrumpidos en los que el respeto, la discreción y la tolerancia son el sustento de dicha relación.

Empecé pagándole unas 800 pesetas por encuentro, pero con el cambio al Euro lo subió a 8 y ahora está a 11, aunque a mí siempre me hace trato de favor y muchas veces me dice: "Bah, dame 10". Son favores recíprocos, porque a veces le doy 12 y le digo: "Bah, déjalo así". No sabe mi nombre, pero sabe cómo huelo, sabe lo que quiero que me haga siempre, sabe que soy tímido y no me atrevo a mirarla directamente cuando estamos frente al espejo, sabe cómo me erizo cuando me masajea por el cuello tras la sesión, sabe exactamente hasta dónde llegar cuando le digo "sigue un poco más" y sabe que un "ya está" es un "así está bien" no como otras peluqueras (sí, estoy hablando de mi peluquera de toda la vida) Sabe que me gusta el agua tibia cuando me lava, conoce todos mis remolinos, mi pelo rebelde, sabe que soy alérgico porque siempre estornudo cuando me pasa esa escobita blanca mítica y perfumada quita pelos. ¿Para qué quiere uno saber el nombre de alguien a quien ya conoce? El DNI es irrelevante con tanta complicidad. 

Yo tampoco sé su nombre pero sé que es divorciada; durante 5 años llevó anillo en su verbo anular (ese que pone en mi flequillo mientras corta) pero un día de repente no lo tenía. Sé que le gusta la música española, que escucha cadena dial y tararea todas las canciones de Malú, sé que también es un poco tímida porque no canta en alto, susurra. Un día mientras estaba por la zona de mis patillas, noté su aliento en mi oído susurrando "Se dejaba llevar" de Antonio Vega. Fue como la banda sonora de ese momento en el que el que se dejaba llevar era yo. Sé que duerme poco, a veces tiene ojeras y ni siquiera las maquilla para disimular, por lo que sé que es una chica natural y poco artificiosa. Sé que se pone contenta cuando me ve y que su sonrisa es agradable, me llama "Mi niño" "Hola Mi niño cuánto tiempo" "Qué tal mi niño, ya tocaba". En definitiva es una persona agradable, y no solo a los ojos.

Jugamos con los silencios que lo dicen todo. Basta conque dé un retoque con la tijera, me enderece la cabeza, mire al espejo, se cruce con mi mirada, asienta subiendo una ceja, como preguntando "¿te gusta?" y yo asienta con una mediasonrisa como respondiendo "perfecto", pero sin decir ni Mu. En esta última vez que fui, estaba yo con mi ritual de juegos de miradas en los espejos, esos en los que cuando la miras a ella y te pilla siempre puedes excusarte diciendo que estás mirando tu corte de pelo y no su cara; y de repente me llegó un mensaje al móvil que tenía en el bolsillo. Le dije que si no le importaba que lo leyera mientras ella seguía y me dijo que sin problema. Me puse a responder y le escribí al destinatario: "Estoy en la peluquería". Imaginé que ella desde su perspectiva aérea podría leer lo que escribía así que experimenté y escribí: "Una peluquera muy guapa por cierto". Ella estaba por detrás de mí cortando, pero yo sólo miraba la pantalla del teléfono, no quise mirar al espejo para comprobar si ella leía, me pondría nervioso, así que seguí escribiendo: "¿Te imaginas que me esté leyendo? ¿se pondría colorada?". Yo esperaba algún tirón en el pelo fruto de su despiste al leer, pero es una profesional y noté que seguía con su trabajo; seguí escribiendo: "Bueno, dile a Marcos que me llame a este número, te lo copio... 6- -  - - -  - - -  Luego seguimos hablando que en breve la guapa peluquera me va a lavar el pelo y es la mejor parte".

Guardé el móvil y miré al espejo a ver si la veía ruborizada pero no. Parece que no me leyó, mejor, porque me moriría de vergüenza, pero bueno, esos arrebatos de "valentía" hay que tenerlos alguna vez. Me dijo: "Ya está mi niño, ven que te lavo la cabecita". Me levanté y fui, me puso el agua a mi medida, me lavó masajeando, como acariciando y frotando a la vez, sabe que me encanta que me toquen el pelo, sabe cómo hacerlo y no disimula en darme ese gusto. Me secó y me sacudió. Antes siempre cogía el espejito redondo para que me viera cómo ha quedado la parte de atrás, pero ya confío en ella y no hace falta que me lo enseñe. Me dijo: "Pues bueno mi niño, 11 euritos". Saqué un billete de 10 y me dijo: "Bah, déjalo así". Pero me negué y al billete le añadí una moneda de dos euros y le dije: "No no, déjalo así".

Tras el protocolario "Muchas gracias", y "Hasta la próxima" salí de la peluquería y ella cerró, fui su último cliente. Llegué a mi casa, me duché y al salir y mirarme en el espejo, vi que tenía dos trasquilones enormes en la parte de atrás de la cabeza. No entendía nada, hasta que de repente me llegó un mensaje al móvil de un número desconocido que ponía:

"Siento los trasquilones, me despisté por un momento. Con el Euro de más ¿te apetecería un café?"

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gravatar.comAutor: María José

Genial!

Fecha: 16/12/2014 21:40.


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