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Controvertido videoclip del cantautor Víctor Lemes titulado El Cantante Popular.
Dirigido por Redshooting
Grabado en los estudios Hilos de marioneta
Protagonizado por muchos muchos amigos y la colaboración especial de la actriz Nati Vera.

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NUEVA ETAPA DE NUESTRA «CANCIÓN DE AUTOR»

Publicado: 02/08/2012 21:17 por Victor Lemes en sin tema

DE COMO ALFONSO DEL VALLE Y VÍCTOR LEMES INAUGURAN –CREO YO– UNA NUEVA ETAPA DE NUESTRA «CANCIÓN DE AUTOR»


No sé muy bien si nos encontramos ante un "nueva etapa" de la apasionante historia de la "canción de autor", o si lo que está ocurriendo es algo similar a lo que CARLOS CANO escribió y cantó, en 1975, con su característico lenguaje "fresquito" y popular:

«Y es que las dentaduras 
ya no están duras pa estas güesuras
y llega la rotura y el personal 
qu’asentao endiquela como se jalan de carca a carca 
mientras cuecen las habas suelta el cantar. [...]
Hay q’acabar con tanto bribón 
... pos le vamos a dar el tran tracatrán 
pico pala -¡chimpón!- y a currelar 
parabán parabán parabán pan pá».
("La murga de los currelantes". Carlos Cano).

O tal vez, lo que está aconteciendo estos días en nuestro país es, más o menos, lo mismo que también dijo y cantó Carlos, cuando fue consciente –durante la transición democrática– de que la política era muy "saboría" –sin corazón y sin alma–, y de que había que volver con urgencia al "canto popular" y a una de las "quintaesencias de la canción de autor": su posicionamiento crítico, rebelde y apasionado en defensa de los derechos humanos y de la libertades democráticas.
Carlos en aquel momento afirmaba y cantaba:
Carlos Cano.
«De pueblo’n pueblo 
el cantor con el ojú de su voz
va levantando la vía 
como pájaro d’abril
canta por el cielo gris 
el aire de l’alegría.
Bendita sea la boca 
que sabe a la gente unir 
alrededor d’una copia 
qu’a tos nos da de vivir.
Copla qu’arde’en la garganta 
y es la luz de la razón:
devolviendo la esperanza
como un clavel de pasión. [...]
De lo más alto que pueo
me tiro abajo a cantar
lo que más a gusto güelo:
La flor de la libertad».
("Política no seas saboría". Carlos Cano).

Bueno, pues en ese mismo tono, pasados los años, a ALFONSO DEL VALLE"cantautor total" al que, en mi último libro, integro en la generación de los que llamo "cantautores malditos"– se le ha ocurrido componer e interpretar una canción no planteando «¿Qué fue de los cantautores?» –que, por cierto, está muy bien–, sino expresando esta clara y urgente necesidad: «SE BUSCA CANTAUTOR para revolución»; es decir, como una especie de "anuncio publicitario" –o S.O.S.– reclamando la necesidad de que la "canción de autor" –hoy por hoy "tambaleante" a casi todos los niveles– recupere esa quintaesencia de su identidad a la que antes hacía referencia, o sea, su dimensión social, comprometida con la justicia y con la libertad; solidaria; y, a fin de cuentas –como dice Alfonso– revolucionaria.

Así lo dice, así lo canta, y así lo reclama el amigo Alfonso del Valle:

«Finales de los sesenta,
revolución en París
y en las listas de ventas,
Bob Dylan y su "Blowing in the wind"...
"The answer my frind
is blowing the wind..."
Cuarenta años han pasado
y tras cuarenta en gris,
el color nos ha cegado
y enmudecido a un pais.
Se busca cantautor
para revolución.
Principios de los setenta,
con todo y más que perder,
un extremeño nos cuenta
que pronto habrá de llover...
"Que tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover. 
Tiene que llover a cántaros..."
Bajo este cielo exultante
que nos compraron de ocasión,
ya no hay profetas que canten
que se avecina un chaparrón.
Se busca cantautor
para revolución».
("Se busca cantautor". Alfonso del Valle)

Curiosamente, casi coincidiendo con este anuncio-canción de Alfonso del Valle, hace unas semanas –cuando publiqué en este mismo blog un cuelgue al que titulé "VÍCTOR LEMES: UN REFERENTE A NO PERDER DE VISTA, NI DE OÍDO– el amigo Víctor –cantautor canario– me decía: «Fernando, estoy haciendo un video sobre una canción nueva que no conoces aún. Es una crítica muy irónica a las medidas de recortes que se están tomando hoy en día en el país; se llama «Cantante “popular”» y la he planteado como si defendiera esas medidas que la “canción protesta" siempre condenaría. Es una canción muy irónica. Te la mando en cuanto la termine»... Y la terminó, ¡vaya si la terminó!... Llevo escuchándola un par de días y me gustaría formular sobre ella dos comentarios. 
Decir, en primer lugar, que es una magnífica canción que me hacer recordar, por ejemplo, las "canciones satíricas" de Aute y, entre ellas, aquel tremendo "Autotango del cantautor"; o las maravillosas e inolvidables canciones de mis buenos amigos Moncho Alpuente y Antonio Piera –de "Las madres del cordero"–; imposible olvidar, por ejemplo, la titulada "Al cantante social con cariño", ¡no tiene desperdicio!... 
Con esto quiero decir que la nueva canción de Víctor Lemes conecta con la tradición de un género –la auténtica "canción de autor" en su perspectiva "satírica", en la que tampoco quiero olvidarme de Javier Krahe–; y decir, en consecuencia y desde esa perspectiva, que "El cantante popular" es una canción que aplaudo y que me parece una genialidad. Se trata, ni más, ni menos, que de la joven recuperación de una canción satírica comprometida, es decir, clara, directa, cachonda, divertida, cabreadora, insultante, descarada, insurrecta, y, sobre todo inteligente... ¡muy inteligente!... Y, por supuesto, para mí, nada "controvertida: Al pan pan, y al vino vino".
En segundo lugar, y voy terminando, decir que la canción «El cantante "popular"» de Víctor Lemes, parece –aunque no lo es directa y objetivamente– una respuesta al «Se busca cantautor» de Alfonso del Valle; son dos canciones que en distinto tono, desde distintos planteamientos, directa o indirectamente, vienen a inaugurar –¡ahora sí estoy convencido!– una nueva etapa de la "canción de autor" en nuestro país... Ya lo decía antes Carlos Cano: «Copla qu’arde’en la garganta / y es la luz de la razón; / devolviendo la esperanza / como un clavel de pasión».
Ahí quedan esas dos canciones como referente y como testimonio... Y el que quiera escuchar, que escuche; y el que no, ¡pues eso!, a seguir "guitarreando".
«España necesita ya una mano dura
y en concreto una mano derecha
a ser posible que vuelva una dictadura
que se imponga la censura
y se hagan las cosas bien hechas
 
¿Qué es eso de manifestarse libremente?
si el caudillo levantara la cabeza
ponía firmes a estos rojos malolientes
que se muestran resistentes
si se actúa a la fuerza
 
Córtate el pelo hippie y búscate un trabajo
antes de que te lo quite un inmigrante
que estos llegan en manada desde abajo
cago´n la mar que los trajo
aquí ya somos bastantes
 
Hay que ir eliminando los deshechos
que quede solo gente de provecho
como si es necesario
recortar los primarios derechos
 
Soy un cantante popular
y hago canción protesta contra el estado de bienestar
Soy un cantante popular
soy la voz de la clase alta oprimida por esta sociedad
 
Soy un ejemplo para la ciudadanía
no entiendo como el proletario me desprecia
si están comiendo gracias a mi burguesía
que impulsa la economía
con mis 29 empresas.
 
Es increíble a dónde estamos llegando
tanto avance, tanto ateo, tanta ciencia
yo en cambio a dios rogando y con el mazo dando
levanto el país marcando
la casilla de la iglesia
que esos sí que aportan a las sociedades
bendita educación privada y religiosa
basta ya de condones e inmoralidades
aunque haya enfermedades
mortales o infecciosas.

Que vuelva pronto el rigor del No-Do
ya está bien de cultura para todos
cuanto más ignorante sea el cordero
más fácil para el lobo.

Soy un cantante popular
no soy como esos izquierdosos que empalagan.
Soy un cantante popular
educación y sanidad para el que paga
Soy un cantante popular
con todo el éxito que eso conlleva.
Soy un cantante popular
y canto cara al sol con la camisa nueva.
Soy un cantante popular
cansado de la rebeldía del plebeyo.
Soy un cantante popular
gracias a dios estamos trabajando en ello.

Soy un cantante popular
y mientras suben los impuestos del estado.
Soy un cantante popular
yo le congelo el salario al explotado.
Soy un cantante popular
y si este estribillo se hace pegadizo.
Soy un cantante popular
y llega a mucho público pues lo privatizo.

Soy un cantante popular
Yo llevo el dinero a casa y mi mujer me pone el plato de comida.
Soy un cantante popular
y si algún día su amor o mi banco quiebra cambiaré de ideología».

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VICTOR LEMES. AULA MAGNA

Publicado: 05/08/2012 17:18 por Victor Lemes en sin tema

Confidencias al Rector: Víctor Lemes y su ‘Cantante Popular’

Hoy me he reunido en el Aula Magna de la Universidad El Bochinche con el artista de moda, el autor del vídeo que hará ladrar a las gaviotas, el cantante más popular del momento, para preguntarle por su obra… la musical quiero decir.

 ENTREVISTA AL ‘CANTANTE POPULAR’

Rector: ¿Cómo es ‘un día normal en la vida’ de un cantante popular?

 Cantante Popular: Pues madrugo mucho, hay que levantar el país. Me compro los periódicos más imparciales (El Mundo, La Razón), me informo de lo que pasa y maldigo. Luego voy a misa, me confieso para dormir con la conciencia tranquila y, bueno, me meto en mi despacho para supervisar cómo va el tema de los contratos irregulares y así se me pasan las horas, despidiendo a todo el que se queje, invirtiendo en bolsa… luego, cuando mi mujer hace la comida, la felicito por su trabajo y, si ese día ha ganado el Madrid, pues cumplo con mi señora. Lo normal.

 R: Imagino que ustedes desayunan todos juntos. ¿De qué hablan? ¿Qué temas preocupan a una familia como la suya?

C.P.: Nos preocupa mucho este despertar de 4 rebeldillos que se creen que van a cambiar el mundo. Ultimamente hay muchas manifestaciones. Manifestaciones para qué, ¿utópicos? Apechuga lo que digan los de arriba que son los que te dan de comer, parásito. Es su mano de la que comes y tú se la quieres cortar…. Uno de mis hijos me cuestionó con argumentos el otro día algo sobre que los cambios son posibles. Sigue castigado.

R: Cuéntenos, ¿cuándo fue que descubrió que lo suyo era la música?

 

C.P.: Tenía mucho tiempo libre. Creo que uno no puede conformarse con pensar, sino con hacerlo saber y todas estas ideas mías no podían quedarse guardadas en un cajón. Además todos los cantautores que llegaban a mis oidos eran muy rojos, con lemas vacíos y protestando por protestar, sin argumentos. Tuve miedo de que llegasen a convencer a los ciudadanos y decidí dar mi punto de vista, que es el lógico y recto. Una cosa llevó a la otra y ya llevo un tiempo componiendo canciones y levantando pasiones en las personas de nivel cultural bajo. Son los más manipulables. La fama es eso, manipular al oyente, llevarlo a tu terreno, es un negocio y eso me interesa.

 R: ¿Qué personajes históricos le han inspirado en su carrera?

C.P.: El Generalísimo. Diossssssss, me erizo solo de nombrarlo. En paz descanse ese santo hombre que puso firme a este país. Aznar también fue un señor en toda regla, que seguía sus pasos. Pinochet era carismático, un poco suave quizás, muy benévolo con su pueblo. No se merecía tan buen trato, con todo lo que hizo ese señor por ellos y así se lo agradecían, con guerrillas. Qué hijos de puta estos débiles que lo quieren todo hecho.

R: Sabemos que se educó en grandes colegios y universidades. ¿Era un buen estudiante? ¿Qué recuerdos tiene de la universidad?

C.P.: Está usted mal informado, solo hice la EGB en un colegio de curas, aún conservo esa educación beata, pero no estudié en universidades. Mi padre me puso a trabajar en su empresa desde los 13 años y así he ido creciendo, todos mis hermanos trabajamos en su empresa y luego amigos, así, siempre amiguismos, así llegamos alto. Mi educación ha sido la vida y tener que enfrentarme a tanto revolucionario mediocre que me ha hecho abrir los ojos sobre qué lado es el correcto. No les culpo, no tienen culpa de no tener dinero. Mucha cultura, pero aquí el mundo no lo mueve el Benedetti ese de pacotilla. ¿Levantas tú una empresa comprando con libros de Chomsky? No.

R: Usted tiene hijos. ¿Qué espera inculcar a los jóvenes que escuchan su música?

 C.P.: Lealtad, firmeza, pragmatismo.  A mis hijos les digo: Hijos, sean alguien importante, de provecho, que nadie te preste dinero nunca, si acaso, lo prestas tú. Sé digno, sé rico, serás feliz.

R: Cada vez se hace más difícil encontrar entradas para sus conciertos, así que nos va a tener que contar el secreto. ¿Qué es lo que hace que su música llegue a la gente?

C.P.: Digo lo que dicen los medios, los tópicos, lo correcto en general, sueno convincente, lo digo con seguridad y me creen. A veces miento, pero eso ellos no lo sabrán. Y, sobre todo, traduzco a un lenguaje más llano todo lo que diga la derecha de este país con eufemismos que suenen verosímiles. ¿Rescate? No, no, recapitalización para que los bancos crezcan. ¿Guerra? No, no, ayuda humanitaria.

 R: Creo que esto está quedando un poco largo. Deberíamos recortar algo la entrevista.

C.P.: ¿Recortar? ¡De lujo!

R: Y una última pregunta, ya para despedirnos. Si tuviera el poder, ¿qué cambiaría del mundo?

 C.P.: La disidencia, a la hoguera todos. Humíllate si yo lo digo, que te lo diré siempre por tu bien, porque yo sé lo que es bueno y tú no. Obedece y calla, aquí no me lleva la contraria ni Dios…bueno, ese sí.

Y, por cierto, ¿qué mierda es esta de la Universidad El Bochin…¡Muuuuchas gracias por cedernos su tiempo! Que tenga mucho éxito… y que Dios nos coja confesados

No, no se asusten. El que hablaba no era el cantautor grancanario Víctor Lemes, sino el protagonista de su última canción y videoclip ‘El cantante popular’, que acaba de salir a la luz y en tan solo 2 días superó las 1.000 reproducciones. Se trata de un tema en el que Víctor realiza una crítica a… ¿de verdad hace falta que lo explique?

Víctor Lemes es un cantautor que se desenvuelve muy bien en un estilo que nos recuerda a uno de sus grandes referentes, don Javier Krahe, con quien tuvo la oportunidad de subirse al escenario en varias ocasiones.  Su facilidad para jugar con la palabra se ha visto plasmada en canciones como ¿Que me quede el Mercedes? o Vademécum.

¡No se pierdan este tema! ¿Qué se cree el mequetrefe de Lemes?

Ecografía de una década

Publicado: 16/08/2012 14:30 por Victor Lemes en sin tema

Son más de diez años de música. Durante un tercio de mi vida le he puesto banda sonora a todo lo que me ocurre, se me ocurre, pienso, sufro, disfruto, reflexiono... Me cuesta concebir la vida sin música, observo en canciones, pienso en símiles, analizo en palabras, camino en tarareos, me despierto chirriando los dientes en 3x4, en los desvelos improviso melodías mirando al techo, la gente me ve a ratos ausente y a veces no entienden que estoy pensando en otro lado aunque mi cuerpo esté presente, tengo folios, libretas, carpetas y el móvil lleno de frases que se me ocurren por la calle, en una conversación, comiendo, durmiendo... tengo 143 canciones que avalan esta locura y aunque a veces quiero, me es imposible darme tregua y parar. Cansa, sinceramente, cansa, no es fácil y no siempre se remunera; no todo el hipocampo es orégano. Cansa pero alivia y despeja y libera y limpia. Es mi terapia, toda esta bulimia me es necesaria, probablemente sin ella tendría esas famosas crisis de ansiedad, esas depresiones que invaden cada vez más a esta sociedad ansiolítica. Juro que yo no, juro que soy feliz vomitando mis miserias, porque las expulso y dejan de tocarme un poco, las disfrazo, las maquillo con ironía, con humor, con sarcasmo, a veces las aliño con crudeza, muy pocas veces las visto de melancolía, pero las expulso y me calman la crisis (la propia). Lo necesito como el adicto necesita su dosis. El "satiriásico" necesita su polvo, el ludópata su bingo, el "dudópata" jugar con fuego, el diabético insulina y yo mis canciones. Por desgracia, muchos le llaman a esto oportunismo, egolatría, alardear... y cierto es que muchos sí que lo hacen por eso, pero yo hablaré de mí y de mis necesidades.

No hace mucho hablando con un amigo me dijo que era una pena que no se me haya reconocido. En un principio me sumé a su pena, pero tras reflexionarlo analicé la expresión reconocido, y madre mía, ¿reconocido? por supuesto que me siento reconocido. Tal vez no me pagan los billetes de avión, ni me llevan los instrumentos, ni me lo tienen todo montado para yo llegar y cantar, ni me gestionan todo el marketing, publicidad y cartelería, no. De hecho aún sigo mandando mensajes acosadores a mis conocidos pintándoselo todo bonito para convencerles de que vayan a mi próximo concierto, sigo promocionándome con el boca a boca, sigo pagándome los viajes para tocar en más provincias y rezando para que mínimo recaude lo mismo que perdí en el viaje, sigo cargando la guitarra al hombro, sigo tocando gratis en muchos sitios... pero sí, me siento reconocido, y ya no solo por el aplauso y su ambigüedad (ya reconozco el sincero, antes no) sino por la ilusión que veo en la gente que me rodea cuando me ve actuar, por los no conocidos que me paran y me dicen "tío, estoy enganchado a tus canciones, me ayudan a no emparanoiarme con mis mierdas" por ver que un amigo parafrasea uno de mis estribillos hablando de su situación sentimental, por despertar el interés en gente y artistas que admiro de toda la vida, por convencer al obtuso, por provocar al recto, por generar. Esa es la palabra; no sé cuánto vale lo que hago, no sé cuál es su código de barras, a qué equivale, ¿a poco? ¿a mucho? ¿a algo? no lo sé, no sé cuánto vale pero sé que vale la pena. Sé que genera algo en el espectador, incluso en mí. Odio, cariño, risa, náusea... no lo sé, quizás de todo un poco, pero genera, golpea, rasga, toca, acaricia, roza, sopla... DA. Y eso, querido apóstrofe, para mí es ser reconocido.

Durante esta trayectoria me he visto tocando en restaurantes debajo de una TV con un partido de fútbol, actuando delante de 3 personas, uno de ellos el técnico de sonido o el dueño del bar, se han levantado de la silla para agredirme al escuchar una frase que obviamente le jodió (espero que volvieras con tu novia, amigo) he llegado a casa con agujetas, desmotivado, pensando "qué necesidad, nunca más" y cientos de anécdotas más, pero también he hecho reír, llorar, pensar, reflexionar, he ayudado, no solo habré ofendido, he llenado teatros, he ganado premios, certámenes, he sacado un disco, he vendido muchos discos (para mí 600 son muchos, qué quieres?) he teloneado a referentes por petición de ellos, he notado en muchos que me quieren ayudar y "lanzar pa’rriba"... No, no salgo en prime time ni en los 40 ni sueno en discotecas, pero si me vuelven a preguntar por el reconocimiento, pues sí, creo que lo estoy, y encima, aún me miro al espejo y también me reconozco. 

Pero no hay que pensar que el espejo ayuda, son 10 años de aplausos, y está la palabra de moda: Ego... "buff tiene un ego que no le cabe" "se le ha subido a la cabeza" "qué creído se lo tiene" "le falta humildad"... son frases muy oídas en este mundillo. Que empiece el combate, ego-humildad. Y siempre está mejor vista la humildad, es lo más aprobado, lo más soportado, y pese a que a mí me han metido siempre más veces en el saco del humilde (cosa que me encanta) he de escudriñarme las entrañas y mirar bien, y una vez mirado creo que no se puede ser humilde cuando asumes y reconoces (reconocimiento) que lo que haces lo haces bien, o por lo menos esa definición comercial de la humildad. Sí que puedes serlo, pero no te lo reconocerán porque estás afirmando que "ésto se me da bien". Desde que uno alardea de humildad deja de serlo, se anula el concepto, y la contradicción es patética. Oigo a gente decir "aquí estamos, luchando desde la humildad..." Primero, no te autodefinas como humilde, por favor te lo pido, creo que la humildad se lleva por dentro y se dictamina desde fuera; es una medalla o rango que te da la gente. Es como estar bueno o no, lo estás para unos y no para otros. Uno no es humilde, por desgracia en este mundo, a uno lo hacen o no lo hacen humilde. Uno se expone, el otro etiqueta, y claro, el que está siendo aplaudido es el expuesto a juicio, no el que aplaude. Personalmente a mí me han dicho las dos famosas opciones, la del ego y la del humilde, entonces, ¿cual soy? pues soy yo y mis complementos circunstanciales de modo. ¿Ego? ¿por qué dará tanto miedo esa palabra? Claro que lo tengo, a veces en superávit y otras en déficit pero es que lo necesito. ¿Cómo coño actúo delante de 10 o 2000 personas sin mi dosis de Ego? Joder, si no creo yo en mí primero ¿de qué estamos hablando aquí? Y no estoy haciendo apología del egocéntrico ni mucho menos. No debemos confundir ese ego famoso asqueroso de "yo soy aquí el puto amo y tú no, soy la hostia, venérame, todo lo que hago es bueno porque soy yo, el bueno"... no no, esa es la metástasis que hay que erradicar. Vive con tu ego, gestiona tu cáncer, trátalo, incluso úsalo y aprovéchate de él, pero evita que se extienda, ahí estás perdido. Ni ese ego ni aquella humildad porque no te la crees ni tú, sea quien sea el aludido.

Confieso que este mano a mano eterno me ha ayudado a reeducarme, a criticarme y a valorarme en todos los sentidos. Yo era tímido (y lo soy) y me daba vergüenza de pequeño exponer un trabajo en clase delante de mis compañeros. Ahora gracias a ese ego adquirido y tan criticado, no solo expongo mi trabajo sino que hago el ridículo adrede. Mi vida la han cambiado las canciones, y mis canciones me han encarrilado por la vía de lo que quiero ser. Y quiero ser esto, quiero ser, estar y parecer esto. Quiero esto, y como diría el gran Krahe en resumen: Gracias canción.

Yo por mi parte y por hoy me voy con mi ego y con el que me atribuyes a otro lado, eso sí, desde la humildad.


Cortocircuito

Publicado: 18/08/2012 05:31 por Victor Lemes en sin tema
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Un cortocircuito a los 12 años jugando con un enchufe fue lo que le incitó a hacerse electricista para que 30 años más tarde una mujer casada le contratara para instalar un interruptor al lado de su cama y apagar la luz para minimizar la culpabilidad que sentía al hacer el amor mientras su marido estaba de viaje trabajando en una central petrolífera ordenando nuevas prospecciones para que la sociedad de consumo pudiera obtener gasolina y que aquel asesino pudiera huir en su mercedes a tiempo del escenario del crimen de aquel magnate que explotó física y psicológicamente a cientos de agricultores que trabajaban de sol a sol proporcionando tomates de calidad exquisita a aquel supermercado céntrico de la ciudad donde tú y yo nos peleamos por la única cebolla que quedaba en el estante de las verduras causando aquel ataque absurdo de risa compenetrada que nos brindamos en la misma escala cromátca y desterrando para siempre esa teoría de la cebolla y las ganas de llorar, consiguiendo que entre carcajadas te pidiera una cita en aquel restaurante donde te besé justo en el momento en el que un niño de 12 años tiraba un vaso de agua sobre aquella lámpara provocando un cortocircuito algo menor que el de nuestros ventrículos