Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2014.

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El Gallinero café arte
C/ Fernando Guanarteme 130, 35010 Las Palmas de Gran Canaria
Dado que está tan de moda hacer tributos en los conciertos y que éstos son los que más teatros llenan, hemos decidido hacer lo que no hacen los destinatarios de la contabilidad B del PP: TRIBUTAR

Este viernes 8 de Agosto habrá un tributo al mítico artista VÍCTOR LEMES donde se hará un repaso de toda su trayectoria musical. El encargado de interpretar sus temas más conocidos será el cantautor Grancanario Víctor Lemes.
Tras un largo y exhaustivo casting para elegir al artista que interpretará el evento, se decidió que fuera el cantautor Víctor Lemes. Su parecida tesitura de voz, destacado parecido físico y la idéntica carga genética y cadena de nucleótidos de ADN hicieron que el jurado lo eligiera por unanimidad.
El creador de "Análisis estructural de una canción comercial" será por fin, justa y dignamente homenajeado este Viernes 8 de Agosto en El Gallinero Café arte (Las Palmas) Dicho tributo seguirá de gira en los próximos meses
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Hoy miércoles haré el sorteo de las 3 entradas gratis y las notificaré por aquí, en la página general y en sus respectivos privados por si acaso no lo leen. Si hay algún despistado aún está a tiempo de dar al Asistiré en el evento (si va a ir, claro) 

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El corazón es un Captcha

Publicado: 11/08/2014 21:32 por Victor Lemes en sin tema
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Les habrá pasado a la hora de hacer un ingreso por internet, o una reserva, que para poder continuar con la operación les aparecen unos dígitos borrosos, desenfocados y poco legibles. Son los Captchas y sirven para diferenciar computadoras de humanos. Supuestamente las computadoras no pueden descifrar dígitos mal colocados, torcidos o borrosos y los humanos sí, pero tengo mis dudas. 

Algunos Captchas, como algunos corazones, son extremadamente complicados, rebuscados e indescriptibles. Le dices al ordenador que es un "Cero"  pero es una "O"   o una "Ele" es una "I"  o simplemente no entiendes la sucesión de letras. A veces llevan una raya en medio para dificultar su lectura; otras veces crees haber acertado y escrito el código correcto y automáticamente te aparece un mensaje de Error y otra ventana con otro Captcha para que lo vuelvas a intentar, pero puede ser aún más incomprensible que el anterior. Y es que están automatizados para la confusión; un mismo Captcha ni siquiera está totalmente seguro de su contenido y a veces solo llega a conocerse a sí mismo mediante la interpretación del humano observador que lo descifre, y a su vez el propio humano observador duda de lo que ve y por tanto se le complica más la identificación. No es fácil sentir. Perdón, rectifico (¿ven la confusión?) Sentir es fácil, pero traducir lo sentido no tanto. El ejemplo visual es tan simple y complicado como imaginar la siguiente escena: Un Captcha leyendo a otro Captcha. Uno pensará que es Amor y el otro tal vez interprete que es 4M0R. 

Y así, entre Captcha y contradicción, entre ciclotimia y convicción de tierra mojada, entre quizás y certezas y cerquizas, entre Tequieros y ya no, Talveces y nopuedeseres, siperonoes y noperosíes, el genital que deja en evidencia a la evidencia del corazón, el hipotálamo que interfiere racionalmente en la bipolaridad valvular sistólica y diastólica, el estómago que es el verdadero portavoz pero se le ningunea por culpa de un poeta que dijo que lo importante es seguir los dictados del corazón y la frase quedó comercial, popular y bonita para las postales y las películas de Julia Roberts; entre las letras comprensibles pero desgastadas, las faltas de ortografía de algunos sentimientos, las rampas resbaladizas que el tiempo nos pone delante de las certidumbres, la otra rampa tras la superada, las demás rampas, las otras trampas, los autoanálisis morfosintácticos sin tácticas ni estrategias de uno mismo, entre todos estos abismos y cercanías y, en general, entre tantas búsquedas y ¿capturas? ... es como vivimos abriendo ventanas emergentes y pop ups, con errores o con "Puede continuar con la operación (a C0R42Ón abierto)"


 




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Sócrates, te presento a Siri

Publicado: 14/08/2014 05:49 por Victor Lemes en sin tema
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Internet es el holocausto de los gatos, en cuanto a curiosidad se refiere. Siempre he tenido una inquietud abismal por todo y recuerdo que en mi época de estudiante, si en alguna conversación con algún amigo surgía algún debate, la discusión no solo duraba horas buscando argumentos y referencias mentales sino que el runrún del dilema podía durar días, y yo, personalmente, era de los que me pegaba horas y horas dándole vueltas a la cabeza en la cama. Hoy en día ya casi nadie se acuesta con incógnitas a la espera de ir al día siguiente a alguna biblioteca a resolver la duda. La esperanza de vida de la duda es cada vez más corta. Estés en un bar, de fiesta, de reunión familiar o incluso en el baño, desde el momento en que te acecha una duda sobre algo que recuerdas o que has oído, recurrimos a internet. Las discusiones con mis amigos no duran ni un minuto:

-¿Cómo se llamaba el Teniente de Forrest Gump?

-David Morse.

-No, ese es el de La Roca. Es Gary Sinise.

-Que no, que es el que yo digo.

-Vas a ver que no (Móvil, Google, Forrest Gump, Reparto... GARY SINISE)

¿Lo ves? Te lo dije

Y fin de la discusión (30 sg)

No seré yo quien se queje de la tecnología; maravilloso adelanto a la vez que peligroso y absorbente, pero sí es cierto que soy un poco romántico y nostálgico y aquella incertidumbre que podía durar meses tenía su magia y daba vidilla (aunque seguro que en aquella época maldecía no tener una base de datos instantánea y cercana. Así de inconformistas somos) Tenemos acceso inmediato a lo que queramos y eso nos facilita mucha más información, pero estamos perdiendo los procesos y métodos para recordar, nos acomodamos y vamos a la respuesta rápida y fácil y no ejercitamos lo que nos mantiene activos. El cerebro es como un músculo que hay que ejercitar y nosotros lo estamos ensanchando de información, sí,  pero a base de anabolizantes y no de un ejercicio diario y exhaustivo. Internet es la gimnasia pasiva de la mente, el gym body fitness del conocimiento y el esteroide de la cultura (Cada vez más cerca la cultura y el culturismo). Se ve en los colegios e institutos, niños pegados a los móviles y no al balón de fútbol, que tampoco era la panacea de la sabiduría, pero te relacionabas. Ya no los veo jugando al escondite, la cogida, el pañuelito y el conejo de la suerte, sino absortos a una pantalla. Y me gritaban mis padres por verme una hora pegado al Tetris. En fin, algunas comparaciones son ociosas.

El otro día un amigo en mi casa me preguntó que cuántos años tenía Leo Messi y aquí no hubo ni discusión, sobre la marcha él cogió el móvil e hizo algo que, llámenme desactualizado, me dejó entre perplejo y con un ataque de risa. Apretó un botón y dijo: "Siri, ¿podrías decirme qué edad tiene Leo Messi?" y a los dos segundos una voz femenina mecanizada dijo: "Leo Messi tiene 27 años". No pude parar de reír; Había visto una película llamada HER que va sobre una aplicación de inteligencia más que artificial pero era más bien futurista, aunque extremadamente real, y no pensé que ya hubiera algo parecido a día de hoy. Ya voy precavido y un poco curado de espanto gracias o por culpa de una serie (acojonantemente real que recomiendo) que se llama Black Mirror donde de hecho hay un capítulo de una aplicación parecida pero bastante más espeluznante o gratificante, según se mire. Madre mía, qué serie. El caso es que Siri me dejó patidifuso y un poco más acojonado por la cercanía del coma mental al que nos vamos acercando cada vez más vertiginosamente.

Solo espero que queden enigmas, que continúe el misterio, que no muera el revoloteo de las incertidumbres en los estómagos y las vigilias, que los puntos de vista se alimenten de desvelos y que intentemos recordar como locos; como diría Krahe, ¡Abajo el Alzheimer! Pero como también dice Drexler "Tarde o temprano nada es secreto en los vericuetos de la informática". Nada es secreto. ¿Qué peligroso, no? Mucho. Y desgarrador. Muchísimo. Siri, por ejemplo, ya conoce todas tus curiosidades y si todas tus preguntas y consultas se almacenaran en una especie de historial límbico, date por delatado. Ella es Iris al revés. ¿Lo ves?

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¿Unidades disponibles?

Publicado: 19/08/2014 22:28 por Victor Lemes en sin tema
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Sentado en la parte de atrás del Taxi iba escuchando las peticiones de unidades disponibles que se oían por la emisora; ya no solo se escucha a la mujer con voz robotizada que canturrea "¿Puerto Inmediaciones?" sino que a día de hoy ya los propios taxis son autoemisoras y a veces se oye la llamada del cliente en cuestión. En esta ocasión una de las llamadas me sobresaltó:

-Buenas tardes, ¿podría mandarme una unidad a la calle Esperanto 32?

Conozco esa voz -Pensé- Se parece a la de mi mujer. Pero... ¿Esperanto 32? Pero si ella vive en la calle Doctor Gil 80. Bueno, será una voz parecida. El taxista preguntó:

-Un momento señorita, no cuelgue, ¿a nombre de quién?

-Marta Prim

Vale, se confirma, es mi mujer, pero ¿Esperanto 32? No lo entiendo, hace 20 minutos me mandó un mensaje y me dijo que estaba en casa y que estaba con dolor de cabeza y no se movería de allí en todo el día. El taxista continuó:

-¿Unidades disponibles para Esperanto 32?

Le dije al taxista que me llevara a esa calle, que había cambiado de opinión, y que así, de paso, ya podía recoger él mismo a esa chica del teléfono. Le comenté:

-Déjeme por esa misma calle Esperanto pero en el número 26 que ya de paso visito a mi madre que vive por allí -Mentí-

El taxista aceptó y comentó por la emisora:

-Señorita, en 5 minutos le llega la unidad 13, muchas gracias por llamar.

-Gracias, ya bajamos. -Colgó ella-

"Bajamos" fue el plural que me dio un vuelco al pecho, y estuve con el estómago ingrávido durante los 5 minutos de trayecto pensando en posibles escenas, en quién sería ese plural, ese "amos" en por qué me dijo que estaba en un sitio y estaba en otro, en qué habrá en Esperanto 32. ¿Habrá otra persona? Qué va. ¿Mi mujer con un amante? No, ella no es de esas, sería incapaz, es muy sincera y transparente, no creo que sea tan buena actriz porque siempre la pillo en las mentirijillas. Pero ¿y si fuera así? ¿Qué falló? ¿Por qué necesita un amante? Pero si los dos estamos genial; nuestro sexo es maravilloso y nos queremos con locura, no entiendo nada. ¿Cómo podría ser tan hipócrita? 

Y entre preguntas llegamos a la calle Esperanto y le dije al taxista que frenara por el número 26. De fondo la vi a ella, de manos con un chico. Se besaban y abrazaban en la acera aunque a ella se la veía inquieta e incómoda mirando a todos lados cuando él toqueteaba. Le dije al taxista si podía esperar un momento, que tenía que hacer una llamada así que la llamé y vi desde el taxi como mandaba a callar a su amante y me cogía el teléfono fingiendo voz de cansada.

-Hola cariño. -Me dijo-

-Hola mi amor. Te llamaba para ver si estabas mejor. ¿Estás en la calle? Se oye ruido de fondo.

-Sí sí -Titubeaba- He bajado a una farmacia de guardia a comprarme calmantes, estoy fatal.

-Vale, ¿quieres que vaya contigo y te cuide?

-No no mi amor, no te preocupes yo te llamo luego y te cuento cómo estoy ok?

-Vale, hasta luego.

-Te quiero.

-No creo

-¿Qué?

Y colgué. Vi como le contaba a su amante la conversación, y tenía otra cara, más seria, ya no tonteaba con él, se veía preocupada tras mi "No creo". Realmente sí que creo que me quiera, lo que no sabía es que también quería a alguien más, pero querer sí que me querrá, aunque yo no tuviera la exclusividad de sus besos. Le dije al taxista que me disculpara pero que no llevaba dinero encima y que si me podía llevar al destino inicial que le dije, que allí me bajarían el dinero, así que aceptó y volvió a llamar a la emisora para que fueran a buscar a la chica de Esperanto 32:

-¿Unidades disponibles para Esperanto 32? Ha fallado el servicio. ¿Puede ir alguna unidad?

Y a su vez me dijo:

-Entonces señor, era la calle Hipocresía 20 ¿no?

-Sí.

-De acuerdo.

Y con el corazón encogido, el páncreas torcido, el pecho taquicárdico, abatido y con ganas de vomitar y llorar por lo descubierto y por las dos caras de los sentimientos, continué mi viaje hacia la casa de Lucía, mi amante desde hace dos años.

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Tirarse el rollo (Postureolítico)

Publicado: 21/08/2014 16:51 por Victor Lemes en sin tema
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Hace años tuve una de esas conversaciones interesantes y desternillantes con mis amigos, estábamos borrachos pero lúcidos y, sentados todos alrededor de una mesa, de repente uno empezó a hablar de cine de autor (ruso o iraní, a saber) y otro le dijo: "Deja de tirarte el rollo anda". La expresión tirarse el rollo fue la clave de lo que quedaba de noche. El que se tiraba el rollo le dijo al otro que el hecho de decir que no se tire el rollo era también tirarse el rollo en plan "mi criterio es mejor que el tuyo"; a lo que el otro le respondió "¿a quién quieres impresionar?" entonces interrumpí diciendo: "Y a quién quieres impresionar tú con tu comentario de a quién quieres impresionar?". Y otro saltó diciendo: "Mira Víctor cómo se tira el rollo"... El bucle que continuó ya se lo pueden imaginar y todos llegamos a la conclusión de que Todo implica "tirarse el rollo". Uno decía: "Eh, que yo estoy callado, no me estoy tirando nada" y el otro le contestaba que incluso estar callado sin participar era ejercer su particular tirada de rollo para que las chicas que había allí y que no conocíamos pensaran: "qué misterioso el que no habla". Todo. No había escapatoria. Todo era tirarse el rollo, todo era para demostrar, para alardear. La soberbia era tirarse el rollo, al igual que la humildad, simplemente para que el espectador (que somos todos) saque su valoración sobre el otro. Es lo que a día de hoy llaman de manera despectiva el "Postureo", pero yo creo que éste está desde siempre, solo que ahora lo hay en mayor cantidad gracias o por culpa de las redes sociales y la inmediatez de la tecnología. 

Todo se resume al "MÍRAME". Yo, aquí, en este blog, me estoy tirando el rollo, porque  al publicar este relato lo expondré a la valoración de todo el que quiera y lo comentarán o pondrán un "Me gusta" para, a su vez, tirarse el rollo y que la gente vea que te gusta el artículo, o para que yo lo vea, o simplemente lo leerán pero no pondrán nada porque no les gusta, les es indiferente o porque también está de moda el Antipostureo que es el mayor de los postureos, el "Yo no me conecto a las redes ni leo lo que cuelgan" Es decir, la tirada de rollo nodriza para que digan de él: "Oh, cuán autosuficiente e inteligente que no le hace falta la aprobación de nadie". 

A veces pienso que vivo del postureo (sigo sin darle el tono peyorativo) "Miren mi última canción", "Miren mi última ocurrencia", "Miren qué concierto más bueno", "Miren qué artículo"... pero es lo normal, todos vamos a una entrevista de trabajo con un curriculum: "Miren qué nota media", "qué experiencia", "qué credenciales". Nos exhibimos ante la chica que nos gusta como un pavo real, "mira qué gracioso soy", "mira qué películas me gustan", "mira como te miro". Incluso el amor se tira el rollo: "Mira cómo te quiero". Y el dolor: "Mira cómo sufro", "mira cuánto duele", o los que van de fuertes: "Mira qué poco me importa". Todos "vamos de". Somos animales sociales, o como decía Aristóteles, Zoon Politikon, es decir, que somos capaces de relacionarnos y en esa relación humano-humano reside nuestra realización como personas. Intercambiamos, absorbemos, interactuamos, captamos y elegimos, y siempre en el entorno que nos socializa. Desde el principio de los tiempos: En el neolítico: "Mira qué bien dibujo mamuts en las cuevas". En el Neolítico: "Mira cómo tallo". Y en el Postureolítico: "Mira mis pies en la orilla de la playa". Y todo quedará para el recuerdo (de alguien) para el reconocimiento, positivo o negativo. Salvo cuando éramos niños chicos sin consciencia, cuando eran nuestros padres los que nos sacaban fotos para que "Miren qué guapo es mi hijo", todo lo demás ha sido tirarnos el rollo. La nota de clase, el gol en el recreo, la orla, el salto a la piscina, la foto de perfil, hablar o no hablar en el ascensor (y si tiene cámara de seguridad y estamos solos, observen cómo cambia nuestro comportamiento cuando nos están grabando en comparación a cuando nadie nos ve) el beso a mi chica en instagram, mi acto altruísta, ahora que están tan de moda las nominaciones y retos por las redes echándose cubos de agua por encima para que todos vean qué simpático y comprometido soy con los afectados de ELA. Famosos retando a famosos, y claro, el otro acepta el reto para que "no vayan a pensar de mí que...". (Icebucketchallengue)

Todos buscamos aprobación, directa o indirectamente, y todos queremos un juicio; eso sí, somos tan egoístas e incongruentes que cuando una persona te pide opinión y se la das, y ésta concuerda con lo que ella piensa o quiere que le digas, todo va bien, y acepta tu juicio; pero en el momento en que tu opinión discrepa con lo que necesita escuchar, te dice: "No me juzgues". Mal dicho. Tú sí quieres que te juzguen, así que hay que ser más honestos y decir: "No me lleves la contraria porque eso que me dices no me sienta bien. No me gusta tu juicio hacia mí". Porque para escuchar lo que quieres oir lo mejor es comprarse una grabadora y grabar tus monólogos interiores, o simular en el espejo conversaciones con la otra persona en la que tú siempre ganas, o recurrir al mal llamado amigo que te dice Sí a todo, ok, ok, ok, ya, ya, tienes razón... Todos queremos un juicio, solo que nos cuesta más aceptar el que no nos deja en buen lugar.

Y entre juicios, alardeos, aprobaciones y descréditos presumimos de exhibicionistas ante al voyeur y espiamos al que se exhibe; analizamos al que se expone, y nos exponemos al analítico, nos pavoneamos ante el juez y juzgamos al fanfarrón, pero sobre todo, mostramos lo que queremos que se vea para que nos miren, está en nuestro ADN desde siempre: 

"Mira papá, mira, ¿me viste? ¿papá? ¡¡¡¿papá?!!! mira, ¿me ves? ¿No lo viste? Mira cómo lo hago. Mira Papá, mira, mírame, mírame".

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Han cantado Bingo

Publicado: 23/08/2014 20:24 por Victor Lemes en sin tema
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Con 19 años trabajé en un Bingo. Era lo que llaman Locutor-Vendedor, es decir, no solo el que se sentaba a cantar la bola sino el que iba de mesa en mesa vendiendo cartones, durante 11 horas al día. Estuve solo 6 meses, tiempo en el que ahorré para pagar mi segundo año de carrera, pero fue suficiente para conocer un poco la psicología y la dualidad del comportamiento de la gente en situaciones de desesperación o de alegría. Recuerdo muchos de los insultos que los jugadores (sobre todo jugadoras septuagenarias) me espetaban cuando el cartón que yo les vendía no llevaba ningún premio: 

-Ay mi niño, dame un bingo ya, gafe. 

-Quita quita, tú no, sarnoso que eres un sarnoso de "mielda". 

-Aléjate de mí, cenizo. 

Yo tenía que callar y poner buena cara pero no me molestaba, incluso me hacía gracia porque sabía que la mayoría de la clientela no creía en la probabilidad, las variables y la aleatoriedad de un juego de azar; más bien creían en rituales bastante menos lógicos que las matemáticas. Quemaban servilletas, escribían los números en la mesa, frotaban el cartón contra el cuerpo, pedían números de serie impares, besaban el cartón cuando les faltaba un número, lo tiraban al suelo... y de repente: BINGO. Se lo llevaba alguien que no hacía ninguno de esos ritos, y ahí es cuando llegaba el balance y las moviolas:

-A uno, mira tú, el 15 otra vez, la maldita niña bonita que no sale.

-En pantalla, se me quedó en pantalla. Maldito cenizo.

-Mira, no taché naita naita, qué cartón más malo.

-Otra vez cayó en aquella mesa. Me voy para allá.

Pero si esa señora quejica, ganaba un bingo en la siguiente mano, ahí sí que decía: "Ves?, lo sabía, tenía un pálpito". Y creerá que fue gracias al amuleto, el mismo que no le sirvió de nada durante horas previas.

El otro día fui al Bingo y analicé la situación desde el lado del jugador y era increíble ver esos mismos rituales en las caras de desesperación de los clientes. El que ganaba de repente sonreía y le daba un beso a su señora, a la que partidas antes y después gritaba cabreado porque no le salía un número, como si ella tuviera la culpa, diciéndole: "Te dije que no lo llevaras tú, sarnosa". Pero al rato volvían a ganar una línea y los dos se achuchaban como si no se hubieran insultado hace minutos. Me resultó curiosa la delgada línea (nunca mejor dicho) que separa al amor del rencor, como si éste no fuera dirigido a la persona sino a la situación que rodea a ésta. No conocía a esa pareja de ancianos pero intentando imaginar sus vidas fuera del Bingo, los visualizo queriéndose durante décadas de titubeos entre esas dos emociones, culpándose por los contextos que les precintan y no por la esencia propia de la persona. Tal vez amar sea tachar números y decepciones, hasta rellenar todo el cartón, y el problema sea que no siempre depende de los jugadores, sino de la suerte. El problema son los números en blanco que no se tachan, los cenizos y sobre todo las cenizas de los cartones jugados.

Yo, por mi parte, me quedé a un número, el 50 (obviamente porque no me pasé el cartón por el sobaco) pero el azar puso ahí el 84, que era el número que le faltaba por tachar a una entrañable señora. Ella fue feliz, y besó a su marido. Yo me guardé rencor.